Ecos del pasado
¿Acaso el atractivo de Japón para los visitantes extranjeros reside en el contraste entre su cultura orientada a la tecnología y sus tradiciones centenarias?

En los barrios históricos de Kioto, los rickshaw se alinean en las calles, las geishas entretienen a los clientes con su arte y el característico sonido de las sandalias zori resuena por los callejones empedrados. Estos elementos parecen formar parte de un tejido cultural vivo que coexiste con lo moderno.
Japón ha evolucionado incorporando elementos nuevos sin descartar por completo los antiguos. Periodos como el de la era Edo, cuando el país estaba relativamente aislado de las influencias externas, contribuyeron a forjar una identidad cultural interna sólida. Cuando Japón se abrió al exterior y se modernizó, muchas de esas tradiciones se conservaron, se adaptaron o se reformularon, en lugar de ser sustituidas.